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Recuerdo el día en que tu mano estaba sobre mi pelo como si fuese ayer, extraño tu tacto y como tus labios nocturnos, ensalivados y pequeños como un diamante, tomaban los míos por locos entre sesiones y arrumacos inacabables. Te extraño y extraño una vida inalcanzable, un "te amo" lejano,  igual que una bofetada cercana. No se qué es ahora de mi sin ti ya que no estas a mi lado, tu carácter agridulce clavó en mi corazón la puñalada que necesitaba para ser humano de nuevo. No sería una persona siquiera sin ti, pero así sería feliz, feliz sin una verdad y sin la realidad.

Isabel, no te veo hace cuatrocientas dieciocho noches, te siento pero no encuentro tu mirada,  tus ojos se vuelven perdidos cuando encuentran los míos, tus manos son frías como siempre, sin el suspiro que solían causar cuando las entrelazábamos, simulando el fin, la mancha del universo que nunca quisimos esconder del futuro o siquiera del pasado. No te veo levantarte por mi, ¿te importa de alguna manera, te importaría? Esta es apenas una de las siete preguntas que tengo para ti, y aún así, no me atrevo a formularlas todas. No se qué puedas sentir en este momento pero es un alivio del alma saber que no te entiendo, ni un segundo en tu mirada o tu actuar, ¿Tal vez me quieres? Son años de una vida compartida que no podría formular como la síntesis de nuestros últimos días , estoy confundido en un mar de pensamiento, olas viscerales y de marea incontrolable.

Isabel, estoy muy ebrio para recordarte, ¿Me recuerdas a mi? Te pienso todas las noches antes de dormir, aún teniéndote de mi lado, en vilo, añorando recuerdos de un mejor o peor pasado sobre la mancha de humedad en nuestro techo que a veces asemeja un cóndor y a veces otro tipo de ave rapaz. Debo confesarte que cada noche abro los ojos solo para ver si la sigues observando, no mirando, con tus hermosos ojos marrones, preciosos, te miro, a ti, Isabel, entre estrellas de mi pensar y tú, mirando la mancha. Siempre es igual, siempre estás mirando la misma mancha, ¿ estás pensando en ella o es un mero punto de referencia para pensar en otras cosas? No te entiendo mujer, hermosa mujer, preciosa musa de finos rasgos y piel pálida como una pomarrosa por dentro, igual que una pomarrosa, hermosa por fuera, sonrojada y una combinación incontrolable de sabor cuando se va más allá de la cáscara.

Isabel, ¿estás ahí? Te extraño estando a mi lado, no extraño tus labios sino tu risa, tus dientes tan imperfectos como todo sobre ti, como se lucían solo por verme hacer las monerías que siempre me mando o hasta por mis momentos de lucidez, ¿realmente lo disfrutaste? Todo esto mujer, tanto tiempo, tantos años de mi lado, queriéndote como eres, soñando sobre ti y amándote como solo tú podrías merecerlo.

Isabel, ¿me amas? Porque yo te amo desde el primer momento en que te vi.