El Paisajista

Recuerdo aquella fría mañana, estaba apreciando el bello paisaje conformado por la pícara sonrisa que dejaba Lorena al dormir. Esa sonrisa es de aquellos escenarios de no olvidar ¿y es que como hacerlo? La paleta de colores era maravillosa, desde sus labios rosados, sus pálidas manos, incluso hasta las blancas sábanas teñidas del rojo más vivo imaginable. Fui yo, sí señor; fui yo quien suavemente introdujo el puñal en su vientre tal como ella y yo acordamos. Increíblemente, fue una sensación de no olvidar, como me miraba en sus últimos momentos, estaba llena de alegría y satisfacción. ¿Cómo he de hacerme entender? Supongo que tendré que relatar los anteriores días, antes de toda esta locura. ¿sabe usted, amigo, lo que es un artista? Veo que no, y de esta manera, es menester que se entere de que tiene la definición frente a usted. Soy un artista, manejo a la perfección un lienzo, llevo las pinturas hasta el más allá, pues todos vivimos en la inspiración divina del papiro de Dios. He recreado cada uno de los actos de Dios en vida, he creado mundos, seres e incluso universos. Limitarme a un lienzo sería una pena, la vida es arte y del arte vivo, de ir al cielo y volver, de hacerle el amor a una mujer, de dar la vida, de quitarla. Por favor agente, no se reprima o se sugestione, pues si lo hace, seguramente no entenderá mi discurso.

Si usted ha visto el mundo con sus ojos, ha desperdiciado no solo su vida sino su existencia, si usted escucha con sus orejas, seguramente nunca habrá oído los alaridos de un tremebundo universo. Le aseguro que todos en esta pestilente ciudad han desperdiciado sus inmundas vidas ¿no sabe lo bello que es ver como los colores, los sonidos e incluso los olores de  como una vida acaba? Se que no, y se que ha asesinado porque lo conozco más de lo que cree, probablemente habría podido disfrutar de Lorena de la manera en que yo lo hice.

La conocí el primer día de octubre hace 3 años, era mi alumna en la universidad de Verdún, estudiaba artes así como todos mis estudiantes, su voz me cautivó, su pálida piel, sus redondeadas y perfectas mejillas que llamarían a cualquier abuela para que las pellizcase, sin embargo, sabía que iba a ser mía, pero más que mía, de ella, de la representación material del arte. Palabras más, palabras menos, fue cortejada como cualquier muchacha podría ser por cualquier hombre mayor que se preocupase por su propia vida de la manera que lo he hecho desde que recuerdo. Al pasar de los días y los meses, encontré en ella la sed de arte, de espectáculo, definitivamente necesitaba algo más en su vida, así que se lo di. No hubo una sola noche en la que durmiéramos sin antes rasguñarnos las piernas para pintar sobre el lienzo, siempre el mismo lienzo. Que bello que es el cuerpo humano, si es que somos arte en su forma más verdadera.

En fin, señor, el cuadro ya lo habrá visto usted y definitivamente el bolígrafo que carga en la mano parece al de Mario, el hombre de la pintura, la obra maestra que decidimos acabar con la sangre del corazón de Lorena. Señor agente Johannson, muchas gracias por hacer realidad mi gran aspiración de morir en la gloria, tan solo no olvide hacer de mi la última persona que su bolígrafo atraviese en el pecho.