Hombre en las Rocas

A veces quiero ver días grises, pero sale el sol, cuando no encuentro un sitio para arrumarme, lo hago en mi memoria a través de los tristes pasajes. Hoy hace sol pero yo visto de negro, los ojos, las calles y los mugrosos barandales me estrechan el paso hasta que llegan a mi como un dolor punzante. Son dolores del pensarla, de caminar y no poder voltear sin imaginar su piel morena en cada reflejo ambiguo que se cruza.

 

Estoy cansado de tener que caminar todos los días por los lugares que en algún momento fueron mágicos, esa escarcha mental que adorna la realidad a través de los recuerdos, la escarcha que corta mis entrañas como esquirlas de cristal. Detesto pensar en cuanto la extraño aunque ella apenas recuerde mi nombre; han pasado años y aún recuerdo el sentir de su abrazo. Mi vida avanza y cada día hago más por los demás sin acabar de hacerlo por mi, es mi propia voz la que ignoro como si se tratase de un zancudo en la madrugada. Todos los días veo en mi mente:

 

“las hojas caen y sigues ahí,

Las montañas se derrumban y sigues ahí,

Solo quiero que cuando mi flor marchite.…

Aún estés ahí”

 

Lo leo todos los días en mi cabeza pero tú ya no estás ahí, ya no estás conmigo en los buses, no está tu fragancia en mi almohada y estoy solo, donde antes solo había compañía. Te perdí y no se en dónde.

 

Todos los días evocan una nueva pesadilla, hoy, turno del espantapájaros que me observa hasta consumir cada centímetro de mi alma. Si la pregunta es: ¿qué es el alma? Solo se que se trata de algo que muere un poco cada vez que abro los ojos y veo la luz vespertina caer en mis sábanas, mis párpados y cortinas desteñidas que procuran decorar el pequeño escenario de mis mañanas. Todos los días transcurren de la misma manera, 15 cuadras de pensamientos y 8 horas de desconexión de la realidad, no hay un día en que llegue a mi corto apartamento de San Martín y sienta que hice algo distinto.

 

En algunas ocasiones tengo la oportunidad de acechar a las palabras durante las caminatas nocturnas en la séptima, a veces me acompaña la malta pero otras veces es solo el desasosiego, los recuerdos y el constante recordatorio de que ella ya no está. A veces quiero morir, otras veces simplemente no tengo opinión, hoy no se si será la cama o la tierra.