La Noche

Te aseguro que ya no estás en mi mente, Angélica... me abandonaste aquella noche, una tentativa incompleta se apoderó de mi existencia, tan cruda como un adiós para siempre. Solo quisiera verte de nuevo para recordar tu sonrisa entre labios abarrotados, decirte cuanto te extraño y demostrarte que podría cruzar el maldito rio por ti. Desde que te fuiste solo veo lágrimas en las estrellas que caen en forma de copos de nieve sin efecto alguno, ya no siento puedo sentir frio sin tu calor, no puedo ver si no es a través de tus ojos de inocencia. Añoro morir a tu lado todos los días como solíamos hacerlo, cuando nuestra única resurrección estaba al final de un abrazo y un desesperado empujón. La indiferencia nos llenó de incertidumbre, lo que es, ya no es lo que era y de esta manera, nunca pensé que te llegaría a perder.

Es tarde en la noche y no hago más que ver como la luz de tu cuarto se enciende y se apaga, tan cerca y a la vez tan lejos. Te veo desde la otra orilla del rio, desabrigado y saturado en recuerdos; no hago más que pensar en ti, ¿en quién pensarás ahora?, ¿qué es lo que haces?, ¡maldita sea! ¡¿por qué no dejas la condenada luz apagada y duermes para que pueda pensar en tus sueños?! Solo espero el momento en que dejes de alardear de tu presencia, de tu acompañamiento, del túnel que solo tú puedes atravesar. Sigue la tormenta, el río crece, tu luz se apagó de nuevo y mis ojos no pueden descansar si no encuentran de ti algo más que una torpe silueta lejana. No entiendo qué me hizo falta, por qué razones no habré acariciado tus mejillas tan solo un segundo más, o bien, por qué no me atreví a algo más antes de que cayera el puente. El brillo ya no tan tenue de la luna me permite saber que son aproximadamente las dos de la madrugada, dos de la madrugada y tu luz se enciende de nuevo, no entiendo, no puedo hacer nada más que ver mientras dejo de sentir mis piernas, pero recordando como se enredaban con las tuyas en espera de que las despojaras de ti, de nuevo. Espero y espero, el rio ya toca mis dedos como solías hacerlo, cuando nuestros dedos se abrazaban como jazmines y desenvolvían como tulipanes, velozmente, ante la realización de lo que ocurría.

Te extraño mujer, silueta misteriosa, ya no se quien eres. Solo una silueta, un recuerdo, una flor distante y... solo alguien que tú podrías ser. Quiero escapar pero ya no puedo, no se si será el frío o si serás tú, pero siento tu boca en la mía, solo deseo descansar, por fin.